No me gusta la arena que se queda entre las uñas y los dedos de las manos, la gente que tira un papel al suelo teniendo al lado una papelera, ni tampoco los lugares llenos de basura, los que hablan por el manos libres por la calle y parecen hablar con ellos mismos, los coches que huelen a tabaco, las ventanas con barrotes de los pisos bajos, el ruido de la ciudad cuando está aglomerada de personas, los iBooks que desprecian la belleza de los libros, el olor y sabor de la sopa, la gente que no tiene respeto por lo que hay a su alrededor y sólo piensa en sí misma, la comida que se queda entre los dientes y no poder lavártelos porque estás fuera de casa, los prejuicios, las manos secas y frías del invierno, las despedidas con un "adiós".
El infierno de cada día también se compone de minúsculas cosas que a uno no le gustan: los que se creen graciosos insultando a los demás o aquellos que ponen por excusa "era un broma" tras haber herido a una persona, tener los pies fríos y sentirme congelada de pies a cabeza, tener que intentar dormir cuando no tengo sueño porque si no a la mañana siguiente no podré mantener los ojos completamente abiertos, sentirme observaba, los lugares llenos de gente en los cuales te sientes como una pequeña hormiga sin rumbo, los finales sencillos y felices de algunas películas, que la luz de las farolas te impida ver la de las estrellas, la nieve de debajo de los coches que se vuelve marrón, los que escupen sobre el asfalto, esa situación en la que haces que escuchas algo y sueltas una pequeña carcajada en símbolo de comprensión, los mazapanes de Navidad, que la caldera se apague cuando estás en medio de una ducha y tengas que salir para volver a encenderla.
El infierno de cada día también es eso.
Personificación de El Rechazo de Manuel Vicent. Artículo de El País (12-VI-94)
http://web.educastur.princast.es/proyectos/abareque/web/images/stories/articulos/oriente/TEXTOS_CURIOSOS.pdf
No hay comentarios:
Publicar un comentario