Tic-tac
tic-tac
TIC-TAC
Devora todas las cosas:
aves, bestias y flores;
roe el hierro, muerde el acero,
pulveriza la peña compacta;
mata reyes, arruina ciudades
y derriba las altas montañas.
El tic-tac de los relojes sigue sonando, sin demora, sin cesar. Sin tregua, pasa y se escurre entre nuestros dedos.
Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esa cosa es el tiempo.
Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todo sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo hagamos durante esa hora.
Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón.
TIC-TAC
TIC-tac
TIC-TAC
tic-tac
Tic-Tac
Devora todas las cosas:
aves, bestias y flores;
roe el hierro, muerde el acero,
pulveriza la peña compacta;
mata reyes, arruina ciudades
y derriba las altas montañas.
El tic-tac de los relojes sigue sonando, sin demora, sin cesar. Sin tregua, pasa y se escurre entre nuestros dedos.
Existe una cosa muy misteriosa, pero muy cotidiana. Todo el mundo participa de ella, todo el mundo la conoce, pero muy pocos se paran a pensar en ella. Casi todos se limitan a tomarla como viene, sin hacer preguntas. Esa cosa es el tiempo.
Hay calendarios y relojes para medirlo, pero eso significa poco, porque todo sabemos que, a veces, una hora puede parecernos una eternidad, y otra, en cambio, pasa en un instante; depende de lo hagamos durante esa hora.
Porque el tiempo es vida. Y la vida reside en el corazón.
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