martes, 8 de enero de 2013

La caja resonante.

Un solitario salón, una tenue luz que se escurre y se desliza por las pequeñas grietas, una luz que deslumbra con delicadeza la anteriormente lúgubre habitación. Allí se hallaba escondida la antiquísima caja de música.
Qué valiente aquél que quiso adentrarse en las profundidades del caos, de los cimientos derrumbados, en busca de aquella caja. Por muchos dicha maldita. Ignorantes y sordos, que no escuchan, que no sienten. 

Bom...bom...bom... Sonido taciturno, mas no extinguido, ni tan siquiera calmado. Ventanas que tímidamente retumban, sin dejar aflorar el fulgente sonido que se esconde dentro. Entrecortada respiración del viento siseante entre los recovecos de la caja aún latente. ¿Qué desgracia le depara el sino?, ¿o acaso existe aún algún afable hado en su camino? Qué desventura o qué fortuna la del poseedor de la caja maldita, la del que se atreva a buscarla y venerarla.

Retumban las paredes en una noche envuelta de aquella de la cual se desprenden gotas sin llegar a ser llovizna. En las sombras calmadas se escucha el eco de la vehemente ventisca, rompiendo y desquebrajando las paredes quebradas. Impávido o tal vez temerario, se sumerge en las profundidades. Posible insensato.
Respiración al compás de los sonidos de la hallada caja. Luz inocua que se adentra en la resonante caja recóndita.


Fryderyck Chopin – Nocturno - Op.9 No.1 en Si Bemol Menor



No hay comentarios:

Publicar un comentario