Es curioso lo que llegamos a recodar con el paso del tiempo. A veces recordamos las cosas que, a simple vista, parecen las más estúpidas y menos importantes. Detalles que sencillamente son insignificantes. Sin embargo acaban volviendo a nuestra mente, inesperadamente. Hasta convertirse en un recuerdo valioso.
El recuerdo de aquella singular manía que tenía al comer: quitarse, ligeramente, los zapatos. Simplemente liberar sus talones de sus zapatillas, como si quisiera sentirse un poco menos aprisionado, en busca de, quién sabe, unos minutos lejos de las presiones y de los caminos marcados. O tal vez, no exista una coherente explicación para ello. No obstante, seguirá siendo una de sus llamativas manías, y uno de mis peculiares recuerdos.
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