viernes, 23 de noviembre de 2012

Y la luna de repente nos habló.

Las farolas le roban el protagonismo a la luz de la luna, quedando ignorada allá arriba. Menospreciada y abandonada. Indefensa y solitaria. Ella, que guarda todos nuestros secretos, nos observa y nos protege, ¿cómo hemos podido olvidarla? Que nos deja contemplarla sin causarnos daño, y nosotros hemos dejado de mirarla.
Blanca, inmensa, radiante, llena, nueva. A veces creciente y otras menguante. Testigo de nuestros pasos furtivos, de nuestros solitarios caminos o nuestras desenfrenadas pasiones. Fiel aliada. Y qué más da si es Londres, Buenos Aires o México, en todos esos cielos brilla igual nuestra luna llena. Ella nunca se apaga, su luz siempre nos guarda.






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