Blanca, inmensa, radiante, llena, nueva. A veces creciente y otras menguante. Testigo de nuestros pasos furtivos, de nuestros solitarios caminos o nuestras desenfrenadas pasiones. Fiel aliada. Y qué más da si es Londres, Buenos Aires o México, en todos esos cielos brilla igual nuestra luna llena. Ella nunca se apaga, su luz siempre nos guarda.
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