'Mutua quies habitat. Saxo tamen exit ab imo rivus aquae Lethes, per quem cum murmure labens invitat somnos crepitantibus unda lapillis'.
-Metamorfosis de Ovideo, XI.
Cuántas veces anhelamos esa tranquilidad que no nos brinda nuestra vida metropolitana, sin quererlo nos hemos ido olvidando de cómo suena el silencio.
Pues tal vez deberíamos emprender un viaje hacia aquel recóndito monte cóncavo, el cual esconde en sus entrañas una profunda cueva, el hogar y santuario del ocioso Sueño. Donde ni tan siquiera Febo, con sus rayos, puede irrumpir en el lugar. Tan sólo una tenue luz sale de la tierra y se mezcla con la humedad y la niebla, formándose así sombríos crepúsculos e insondables oscuridades.
Es allí donde reina la paz, donde habita el silencio, pues jamás se oirá una fiera, ni una rama movida por el viento, ni las humanas lenguas produciendo el sonido con sus palabras necias. Es allí donde debemos viajar cuando queremos huir de nuestras estresadas vidas, de la confusa algarabía que reina en rededor nuestra.
Hipno nos invita a su morada y a contemplar con nuestros, hasta el momento, exánimes ojos aquellos parajes situados en una hermosa penumbra, rodeados de hierba húmeda, por la que caminamos descalzos, dejando nuestros pies libres, sin ataduras. Sin desconfianza ni cobardía.
Arrullados por el leve sonido de un riachuelo que emerge de entre las rocas, respiramos el aire puro como si lo engulléramos, y, dejando saciados nuestros pulmones, abandonamos el lugar como cordiales huéspedes que somos. Pero, no debemos olvidar que nuestro amable anfitrión nos aguarda perpetuamente cuando requiramos escapar de la mundana realidad.
Una tranquilidad absoluta habita el lugar. Sin embargo, desde lo más profundo de una roca, sale el río Leteo- río del olvido-,y el agua, con sus murmullos producidos por el crepitar de sus guijarros, al deslizarse, invita a los sueños.
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